Sopa Tóxica: ¿Es saludable tomar el sol?




¿ES SALUDABLE TOMAR EL SOL?


Este mes en Sopa Tóxica planteamos varias preguntas y respuestas que nos pueden ayudar a tomar la decisión de exponernos al sol o no y cómo hacerlo para que sea saludable.

Sopa Tóxica: ¿Es saludable tomar el sol?, en Hágase la luz de Radio Euskadi:

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INFORMACIÓN ADICIONAL

    Desmontamos 3 mitos de la alimentación



     
    DESMONTAMOS 3 MITOS DE LA ALIMENTACIÓN


    La sal hace subir la tensión arterial

    Es cierto que el consumo de sal es uno de los culpables de la tensión alta que afecta a una gran parte de la población, aunque hay que puntualizar que la culpable es la sal refinada, no la sal sin refinar. La sal sin refinar no solo no hace subir la tensión, sino que además es una gran aliada de nuestro cuerpo para mantener una tensión arterial correcta.

    Gracias a la sal sin refinar se puede producir de una manera correcta el intercambio de agua a través de la membrana de nuestras células, es decir, la ósmosis celular. Esto permite al cuerpo mantener nuestro equilibrio de agua y por lo tanto también una correcta tensión arterial y una buena capacidad de desintoxicación. Es decir, permite que si nos sobra agua la expulsemos, y si nos falta, la retengamos. Esto no sucede si la sal que consumimos es sal refinada, ya que además de que su estructura se ha modificado por el proceso de refinamiento, también se pierden todos los minerales que nos interesan de la sal. Debido a que la sal refinada es una sustancia muy agresiva para nuestro cuerpo éste se quiere deshacer de ella rápidamente, por lo que para eliminarla saca el agua de nuestras células. Este proceso sumado a que la sal refinada es un producto muy inflamatorio hace que nuestra tensión arterial aumente y nos provoque los problemas derivados de ella. Esto es especialmente acusado en nuestra sociedad actual, ya que la situación de estrés en que vivimos empeora el efecto de la sal refinada. Para acabarlo de rematar, se pueden añadir aditivos a la sal una vez refinada como sales de aluminio (antiaglutinante) o minerales que desquilibran todavía más su estructura original, como ocurre con la sal yodada.

    La medicina convencional intenta prevenir el problema de la hipertensión haciendo reducir la sal y otros alimentos altos en sodio, mientras que para reducir la tensión una vez ya es muy alta se recetan diuréticos para hacer que el cuerpo elimine el agua acumulada, reduciéndose así la tensión arterial. Reducir el sodio en la alimentación no tiene un gran impacto en la tensión arterial, ya que normalmente no se soluciona el problema de la inflamación general y cronificada del cuerpo, que suele ser la principal causa de la hipertensión. Tomar diuréticos sí que reduce la tensión arterial, ya que nos hace eliminar el agua de nuestro cuerpo, aunque usados de manera prolongada hace que nos vaciemos de sales minerales, que se pierden disueltas en el agua que expulsamos, empeorando de esta manera nuestros problemas para regular la tensión y provocando nuevos problemas derivados de la falta de sales minerales, como problemas cognitivos, cardíacos, fatiga, etc. Reducir la sal y tomar diuréticos de forma prolongada nos puede provocar un gran desequilibrio en nuestro cuerpo y hacer que perdamos minerales que son muy difíciles de reponer.

    También hay que tener en cuenta que es posible que el nivel de sodio alto que provoca la hipertensión no sea un problema que tenga que ver propiamente con el sodio, sino que el alto nivel de sodio esté provocado por un exceso de metales en nuestro cuerpo como cobre o mercurio, o por ejemplo una acumulación de cadmio en nuestros riñones. Estos casos no son puntuales en el mundo industrializado en el que vivimos, el problema es que la mayoría desconocemos que el nivel de metales en nuestro cuerpo es muy alto y por lo tanto ni lo tenemos en cuenta ni tomamos las medidas oportunas, empeorando así la situación con diagnósticos y tratamientos erróneos.

    La sal sin refinar nos permitirá regular el agua que perdamos, de manera que también regularemos mejor la temperatura de nuestro cuerpo y además nos ayudará a reponer los minerales que hemos perdido con el sudor. Otra muy buena manera de reponer los minerales que perdemos y mantener una tensión arterial correcta es que el 50% de nuestra alimentación sean verduras.



    La grasa engorda

    Uno de los mitos más extendidos en nuestra sociedad hoy en día gracias a la obsesión por estar guapos y jóvenes eternamente es que la grasa engorda. Realmente es al contrario. El hecho de llevar una dieta baja en grasas normalmente implica que éstas se sustituyen por más cereales –normalmente refinados- y más fruta. Esto supone un incremento en la cantidad de azúcares que comemos y que nuestro cuerpo se ve forzado a acumular en forma de grasa. Por si fuera poco, esta cantidad de azúcar también puede provocar diabetes, inflamación y exceso de colesterol y los problemas derivados de ella, como hipertensión. De hecho, una buena parte de lo que se piensa que es grasa en las personas con sobrepeso es realmente inflamación. Otro efecto de las dietas altas en azúcar es que facilitan la aparición y el crecimiento de tumores, ya que los cánceres se alimentan de azúcar, lo que les permite crecer muy rápidamente. Hay que tener en cuenta que cuando hablamos de azúcar no solo nos referimos al azúcar como endulzante y a los pasteles y dulces, sino también a los cereales (pan, pasta, etc.) y la fruta (zumos de fruta incluídos).

    Que nuestro cuerpo tenga una buena fuente de grasas de calidad es muy importante, ya que un buen funcionamiento glandular y hormonal, así como una piel perfecta, un cerebro que funcione bien y un cuerpo que se recupere y se reconstruya de manera correcta se consigue tomando una dosis adecuada de grasas de calidad. Esta dosis debería suponer como mínimo el 10% y como máximo el 30% de nuestra alimentación. Nuestro cuerpo necesita los ácidos grasos omega 3, 6 y 9 que se encuentran en las grasas de origen animal y en los aceites vegetales y que son necesarios para llevar a cabo todo lo mencionado anteriormente, pero también para combatir las infecciones, regular la inflamación y permitir la comunicación entre las células.

    Algunas fuentes de estos ácidos grasos son:
    • Omega 3: aceite de pescado, aceite de krill, carne y lácteos si el animal se ha alimentado de pasto. Otra fuentes son el aceite de lino, semillas de lino o el aceite de perilla.
    • Omega 6: carne y lácteos de animal, especialmente si no se ha alimentado con pasto, yemas de huevo, pescado y aceite de girasol o canola.
    • Omega 9: Aceite de oliva.
    Los aceites vegetales pueden utilizarse también sobre la piel, que es otra forma de “comerlos”. Además son más efectivos que las cremas sintéticas que normalmente se nos ofrecen e infinitamente más seguros y saludables. Por supuesto deberemos evitar las grasas hidrogenadas, también llamadas grasas trans, que provocan más perjuicios que beneficios en nuestra salud, como por ejemplo problemas cardiacos. Estas sí que son malas.



    Los edulcorantes artificiales son más sanos que el azúcar

    Durante muchos años se ha recomendado a las personas con sobrepeso, diabetes o en riesgo de tenerla que utilicen edulcorantes para sustituir el azúcar. Hoy en día ya se están revisando estos consejos e incluso en medios de comunicación no sospechosos de ser “alternativos” se pueden ver titulares informando de que los edulcorantes artificiales no solo no ayudan a reducir el riesgo de sobrepeso y diabetes, sino que lo aumentan de la misma manera que el azúcar, en parte porque desequilibran la flora intestinal de una manera que facilita la aparición de diabetes de tipo 2 y en parte porque la respuesta de nuestro cuerpo al azúcar se comienza a producir con la sensación del sabor dulce. Esto quiere decir que solo es necesario ponerse algo dulce en la boca para que nuestro cerebro comience a ordenar los procesos correspondientes para almacenarla en forma de grasa, provocando igualmente un pico de insulina aunque lo que estemos comiendo tenga 0 azúcar o calorías. Esta confusión metabólica incita además a comer más carbohidratos y azúcar. Por este motivo no es recomendable ningún edulcorante natural o artificial para las personas diabéticas o con riesgo de serlo.

    Otro gran sector de mercado para los edulcorantes artificiales son las personas que cuentan calorías, a las que se ha condicionado para que vean como saludables estos edulcorantes a golpe de anuncio y artículos sobre la “operación bikini”, entre otros medios. La sacarina, el aspártamo y la sucralosa (Splenda) son los edulcorantes artificiales más usados y lejos de ofrecer una alternativa sana al azúcar, aparte de los problemas mencionados anteriormente, pueden provocar otros problemas de salud que no compensan poder comer chucherías sin azúcar o beber refrescos light. Están relacionados con varios tipos de cáncer, pero también pueden provocar migrañas, asma, Parkinson, Alzheimer, favorecer la muerte neuronal, reducir el contenido de serotonina en nuestro cerebro, como hace el aspártamo o reducir los glóbulos rojos y provocar infertilidad como hace la sucralosa. Estos son solo los principales problemas de una lista mucho más larga. Algo que sorprende mucho es que la molécula de sucralosa está hecha en parte de sacarosa (azúcar) pero el resultado final del proceso es un organoclorado, como el DDT.

    Si queremos utilizar edulcorantes, lo mejor es la estevia. Es antiinflamatoria, anticancerígena y ayuda a reducir el colesterol, además de regular el sistema digestivo. Aún así no está recomendada para personas con diabetes o con riesgo de tenerla como hemos comentado anteriormente. Pero para el resto de personas es una muy buena alternativa al azúcar.



    Como vemos se debe poner en cuarentena la mayoría de la información que se nos ofrece, porque ya sea debido a desinformación o a claras estrategias de mercado podemos acabar descubriendo que con la intención de cuidar nuestra salud al final nos estamos perjudicando, en parte debido a que dejamos la responsabilidad de nuestra salud en manos de otros y no nos informamos ni decidimos por nosotros mismos.
     


    Artículo elaborado para Sopa Tóxica

      
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      Sopa Tóxica: 3 Mitos de la alimentación




      3 MITOS DE LA ALIMENTACIÓN

      Este mes en Sopa Tóxica desmontamos 3 mitos de la alimentación: la sal hace subir la tensión arterial, la grasa engorda y los edulcorantes artificiales son más sanos que el azúcar.

      Sopa Tóxica: 3 Mitos de la alimentación, en Hágase la luz de Radio Euskadi:

      Duración aprox. 28 minutos

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        Consejos para alérgicos al polen y a los ácaros del polvo




        CONSEJOS PARA ALÉRGICOS AL POLEN Y A LOS ÁCAROS DEL POLVO
         

        La alergia es una enfermedad conocida desde la antigüedad, pero con un índice muy bajo hasta hace poco. En los últimos 50 años el índice de afectación ha aumentado un 470% hasta convertirse hoy en día en una de las enfermedades más comunes, que afecta a entre el 30 y el 40% de la población mundial. Por ejemplo, solamente en Euskadi hay más de 200.000 alérgicos al polen, que es el tipo de alergia más extendida, aunque las alergias alimentarias son quizá las que han crecido más rápidamente durante estos últimos años.

        Los médicos e investigadores ambientalistas creen que este espectacular aumento de casos de alergia puede ser causado por la relación que nuestro cuerpo tiene desde hace muy pocas décadas con sustancias sintéticas (más de 100.000) que no existen en la naturaleza y para las que no estemos preparados para tratar. Aunque existe una predisposición genética, un alérgico probablemente no lo sería si las circunstancias ambientales no fueran las idóneas para que el problema se manifestase. Estas circunstancias son principalmente el gran aumento de sustancias tóxicas en el medio ambiente, que están presentes en grandes cantidades y afectan a nuestro cuerpo en un gran número al mismo tiempo, provocando reacciones adversas y enfermedades.

        Las alergias más comunes son las alergias de tipo I, es decir, en las que la respuesta alérgica es inmediata al alergeno. Los alergenos pueden ser: pólenes, ácaros,  escamas de piel de animales, alimentos, moho, picaduras de insectos, etc. En la alergia tipo I están involucrados los anticuerpos IgE (Inmunoglobulina E). En este tipo de alergia nuestro sistema inmunitario responde erróneamente y de forma exagerada a la presencia del alergeno inflamando los bronquios, la garganta, la nariz y los ojos para defenderse de algo que cree que es una agresión. Especialmente en estas zonas es donde se libera una gran cantidad de histamina, entre otras sustancias, que es lo que provoca la inflamación. Las reacciones alérgicas pueden ser muy graves e incluso provocar la muerte si no se toman rápidamente contramedidas. Antihistamínicos y adrenalina o cortisona inyectadas son los más habituales.

        En el caso del polen en concreto, el cambio climático hace que la primavera y el verano se alarguen, y esto junto con la contaminación hace que la respuesta alérgica sea más agresiva.


        Síntomas

        Los síntomas de las alergias al polvo y al polen pueden llegar a ser invalidantes porque el desgaste y estrés que sufre el cuerpo puede ser muy fuerte. La alergia al polen, por ejemplo, a menudo no permite descansar debido a que el polen retenido en la mucosidad de los bronquios y de la nariz se mueve y sigue provocando síntomas a nivel respiratorio y no deja dormir.

        Las reacciones alérgicas al polen normalmente causan rinitis alérgica con estornudos, ojos llorosos y secreciones nasales o nariz congestionada. Síntomas similares pueden ser provocados por los ácaros del polvo durante todo el año, además de problemas respiratorios. El polen no sólo afecta en la primavera, hay que tener en cuenta que el calendario polínico muestra que estamos expuestos a diferentes tipos polen prácticamente durante todo el año. La época en la que tengamos reacciones alérgicas dependerá del polen al que seamos alérgicos.

        Durante la infancia, la dermatitis atópica y las alergias a los alimentos son las predominantes durante los primeros años y más tarde aparecen las alergias respiratorias. Si la causa de la alergia se mantiene, puede conducir a una ampliación de la enfermedad y por ejemplo la rinitis alérgica puede convertirse en asma bronquial.


        CONSEJOS PARA ALÉRGICOS AL POLEN
        • Ventilación hogar: No ventilar la casa a primera hora de la mañana, por la alta concentración de polen, ni cuando empieza a caer la temperatura por la tarde, ya que es cuando el polen en suspensión se empieza a depositar.
        • Purificadores de aire con filtros HEPA, que son capaces retener partículas de al menos 0,3 micras, aunque hay purificadores que pueden retener partículas de hasta 0,1 micras. De esta manera la cantidad de polen, ácaros y otros alérgenos presentes en la vivienda se reduce radicalmente. Si además los filtros tienen una etapa de filtrado de carbón activo, también reduciremos el humo de los coches, el humo del tabaco, el formaldehído, etc.
        • Al salir a la calle: llevar gorra (y pelo recogido si se tiene largo) y gafas de sol. De esta manera se evita que el polen se quede en el pelo y que entre en los ojos.
        • Al llegar a casa: peinarse (el polen se acumula en el cabello), cambiarse la ropa en una habitación separada, de manera que el polen no pase al resto de la casa y ducharse. Es muy importante cambiarse los zapatos en la entrada, ya que si no esparcimos el polen por toda la vivienda.
        • Ropa: Si es necesario se puede secar la ropa dentro de casa (con deshumidificador o secadora), de manera que no quede expuesta al polen si la tendemos.
        • Exteriores: Evitar las salidas al campo, parques o jardines durante la época de polinización.
        • Mascarillas: Las mascarillas son una buena solución para los alérgicos al polen, ya que evitan que el polen entre en las vías respiratorias y reducen o incluso evitan la medicación con antihistamínicos. No todas las mascarillas sirven, ya que el tamaño de algunos pólenes es especialmente pequeño, por lo que se deben buscar las más tengan más capacidad de filtrado para partículas.


        CONSEJOS PARA ALÉRGICOS A LOS ÁCAROS DEL POLVO

        Los ácaros que provocan alergia son una especie de ácaros microscópicos que se alimentan de las partículas que se van desprendiendo de nuestra piel a medida que ésta muere. Por este motivo uno de los hábitats preferidos por estos ácaros es nuestra cama, gracias al ambiente cálido y húmedo que nosotros mismos aportamos. La cama es el lugar donde es prioritario controlar la presencia de ácaros, ya que además pasamos en ella un tercio de nuestra vida en el momento en que somos más vulnerables, que es cuando dormimos.
        • Cama:
          • Utilizar sólo ropa de cama de algodón u otras fibras naturales lavable mínimo a 60°C. La ropa de cama se debe cambiar cada semana.
          • Ventilar la cama cada día.
          • Utilizar fundas protectoras antiácaros para la almohada, el colchón y el edredón nórdico. Las más aconsejables son las que están hechas de un tejido muy tupido que no permite el paso de los ácaros. Evitar las tratadas químicamente.
          • Utilizar nórdicos de Algodón 95º. Este algodón se puede lavar a 95º y está recomendados también para alérgicos al moho.
        • Purificador de aire: Utilizar un purificador de aire con filtro para partículas HEPA para eliminar tanto los ácaros como las partículas de nuestra piel que los alimentan y cualquier otro alergeno presente en el ambiente. En el caso de limpiar con aspirador, también es aconsejable que tenga un filtro HEPA.
        • Productos antiácaros: Se pueden utilizar productos antiácaros que se añaden a la lavadora o que se rocían en la ropa de cama. Debe ser un producto de calidad, no tóxico y si puede ser derivado de productos naturales, como el árbol de Neem, por ejemplo.
        • Humedad: La humedad ambiental favorece la proliferación de ácaros, por lo que está recomendado mantener la casa con un grado de humedad por debajo del 60%. Son fáciles de encontrar deshumidificadores de cloruro cálcico, eléctricos o de bentonita (arcilla), por ejemplo.
        • Ropa: Lavar la ropa que volvamos a utilizar después de tenerla guardada durante un tiempo y hacerlo a altas temperaturas para eliminar los ácaros o lavarlas incluso con productos antiácaros.
        • Mascarillas: Utilizar mascarilla para partículas en el caso de tener que mover muebles, libros o cualquier cosa que haya podido acumular polvo.
        • Oxígeno: Los ácaros son muy sensibles a la falta de oxígeno, por lo que una buena manera de tenerlos a ralla es envasar al vacío los objetos en los que pueden encontrarse (ropa, almohadas, libros, discos, etc.) y que no se van a utilizar en un largo periodo de tiempo.


        Ducha nasal: Las duchas nasales limpian las fosas nasales de alergenos, entre otras cosas, por lo que son muy útiles para las personas con alergia al polen y/o a los ácaros. Existen tazas específicas para hacer duchas nasales llamadas neti pots, que también están recomendadas si se está resfriado, congestionado o se tiene la nariz reseca.



        Un consejo que nos ayudará a evitar los síntomas provocados por las alergias o a reducirlos al máximo es llevar un control ambiental en casa. El control ambiental consiste en poner medidas para evitar al máximo la exposición a tóxicos que podemos encontrar en nuestra propio hogar. Esto básicamente implica utilizar productos de limpieza, higiene y cosméticos ecológicos sin fragancia, beber agua purificada con filtros de carbón activo y hacer una alimentación ecológica. El control ambiental es muy beneficioso para los alérgicos y en países donde existe la especialidad de Medicina Ambiental lo recomiendan especialmente para personas con alergias y/o asma con excelentes resultados.

        Artículo elaborado para Sopa Tóxica

         
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        Sopa Tóxica: Consejos para alérgicos al polen y polvo


         
        CONSEJOS PARA ALÉRGICOS AL POLEN Y POLVO



        Este mes en Sopa Tóxica coincidiendo con la entrada a la primavera, damos consejos para los alérgicos al polen y/o a los ácaros. La alergia es una enfermedad conocida desde la antigüedad, pero con un índice muy bajo hasta hace poco. En los últimos 50 años el índice de afectación ha aumentado un 470% hasta convertirse hoy en día en una de las enfermedades más comunes, que afecta a entre el 30 y el 40% de la población mundial, en parte gracias al gran aumento de sustancias tóxicas en el medio ambiente a la que estamos expuestos.



        Sopa Tóxica: Consejos para alérgicos al polen y polvo en Hágase la luz de Radio Euskadi:




        Duración aprox. 25 minutos

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